
En muchas regiones de nuestro planeta, nos parece natural poder acceder al agua potable, considerada como un recurso renovable, cuyo uso es parte de nuestra vida cotidiana.
- Marcha mapuche por el Agua.
Foto de Miguel A. Navarrete
Azkintuwe ago. 2006
Azkintuwe ago. 2006
21 de marzo, 2007
La usamos para todo, la vemos correr, pero es en realidad, el agua, un recurso escaso. De hecho 1.500 millones de seres humanos no tienen un acceso a este recurso.
Donde existe por un lado un crecimiento explosivo del consumo del agua y por otro se está produciendo una profunda degradación de su calidad debido a los vertidos de residuos contaminantes (metales pesados, hidrocarburos, pesticidas, fertilizantes…), muy superior a tasa o ritmo de asimilación de los ecosistemas naturales. Unos dos millones de toneladas de desechos son arrojados diariamente, según el Informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del Mundo, en aguas receptoras.
El Programa 21 declara*: “Con el aumento de la población y de las actividades económicas, muchos países están llegando con rapidez a una situación en que el agua escasea o en que su desarrollo económico se ve obstaculizado. El rápido crecimiento de la demanda de agua se debe en un 70% a 80% al riego agrícola, algo menos de un 20% a la industria y sólo un 6% al consumo doméstico.”
Las tres cuartas partes de la superficie de la tierra se encuentra cubierta por el agua en distinas formas, en estado líquido, sólido o gaseoso. La encontramos como lagunas, lagos, ríos, arroyos, mares, témpanos o en las nieves. El 98 % del agua es salada de nuestros mares. Del agua dulce, encontramos que el 69 % se encuentra en glaciares o en forma de nieve. El 30 % es agua subterránea (por ejemplo en acuíferos como en el Guaraní) y solamente el 0,7 % es agua que se encuentra en lagos y ríos.
Es importante señalar que este recurso desde más de 3.000 millones de años está presente en nuestra naturaleza y además es un derecho humano básico, es un bien público por lo tanto, es de todos. Aunque el incremento de la población, el mayor consumo y la contaminación, atentan contra este apreciado bien.
Contaminación del agua
El crecimiento industrial y demográfico han sido los principales contribuyentes para la contaminación del agua, la que se produce al verter sustancias sólidas, líquidas, gaseosas e incluso energía calórico en mares, ríos, lagos y canales.
Producto de esta alarmante situación, más de tres millones de personas mueren anualmente en el mundo por enfermedades relacionadas con el agua, tales como cólera, hepatitis infecciosa, tifus, entre otras. Las cifras son alarmantes si consideramos que la cantidad de muertos relacionados con el recurso hídrico es mayor que el número de muertos a causa de guerras; a ello se le suma que 25 mil personas que mueren por la contaminación del agua son de países en desarrollo.
No hay que olvidar que la contaminación de este líquido vital provoca importantes efectos en los ecosistemas acuáticos, ya que hay una disminución del oxígeno disuelto en el agua y la consiguiente dificultad para la vida acuática, como para los procesos de descomposición de la materia orgánica, como ejemplo de esto es lo que ocurre en el canal el Morro, el que sufre una gran eutrofización1 producto de la contaminación.
Donde existe por un lado un crecimiento explosivo del consumo del agua y por otro se está produciendo una profunda degradación de su calidad debido a los vertidos de residuos contaminantes (metales pesados, hidrocarburos, pesticidas, fertilizantes…), muy superior a tasa o ritmo de asimilación de los ecosistemas naturales. Unos dos millones de toneladas de desechos son arrojados diariamente, según el Informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del Mundo, en aguas receptoras.
El Programa 21 declara*: “Con el aumento de la población y de las actividades económicas, muchos países están llegando con rapidez a una situación en que el agua escasea o en que su desarrollo económico se ve obstaculizado. El rápido crecimiento de la demanda de agua se debe en un 70% a 80% al riego agrícola, algo menos de un 20% a la industria y sólo un 6% al consumo doméstico.”
Las tres cuartas partes de la superficie de la tierra se encuentra cubierta por el agua en distinas formas, en estado líquido, sólido o gaseoso. La encontramos como lagunas, lagos, ríos, arroyos, mares, témpanos o en las nieves. El 98 % del agua es salada de nuestros mares. Del agua dulce, encontramos que el 69 % se encuentra en glaciares o en forma de nieve. El 30 % es agua subterránea (por ejemplo en acuíferos como en el Guaraní) y solamente el 0,7 % es agua que se encuentra en lagos y ríos.
Es importante señalar que este recurso desde más de 3.000 millones de años está presente en nuestra naturaleza y además es un derecho humano básico, es un bien público por lo tanto, es de todos. Aunque el incremento de la población, el mayor consumo y la contaminación, atentan contra este apreciado bien.
Contaminación del agua
El crecimiento industrial y demográfico han sido los principales contribuyentes para la contaminación del agua, la que se produce al verter sustancias sólidas, líquidas, gaseosas e incluso energía calórico en mares, ríos, lagos y canales.
Producto de esta alarmante situación, más de tres millones de personas mueren anualmente en el mundo por enfermedades relacionadas con el agua, tales como cólera, hepatitis infecciosa, tifus, entre otras. Las cifras son alarmantes si consideramos que la cantidad de muertos relacionados con el recurso hídrico es mayor que el número de muertos a causa de guerras; a ello se le suma que 25 mil personas que mueren por la contaminación del agua son de países en desarrollo.
No hay que olvidar que la contaminación de este líquido vital provoca importantes efectos en los ecosistemas acuáticos, ya que hay una disminución del oxígeno disuelto en el agua y la consiguiente dificultad para la vida acuática, como para los procesos de descomposición de la materia orgánica, como ejemplo de esto es lo que ocurre en el canal el Morro, el que sufre una gran eutrofización1 producto de la contaminación.
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